El profesor de relaciones internacionales Joseph Nye define “poder blando” como la capacidad de persuadir por medio de atracción o cooptación en lugar de coerción.

Este concepto esta en boga: el parlamento del Reino Unido constituyo un Comité Especial para investigar el tema, emitiendo un informe titulado “Persuasión y Poder” a principios de 2014.

Incluso países capaces de utilizar la amenaza de despliegue militar, como el Reino Unido, deben recurrir al poder blando para dar forma a sus relaciones exteriores, ya que la relación internacional no puede llevarse a cabo únicamente en términos coercitivos. Para otros, el poder blando es aún más esencial, ya que es la única carta que pueden jugar.

Si un país o una región invierte en industrias relativamente jóvenes y emergentes, como la de la nanotecnología, puede cultivar su poder blando, adquiriendo la reputación de emprendedor (esto sin siquiera tener en cuenta los beneficios para el estándar de vida y el rendimiento económico que tales tecnologías conllevan). Además, en la medida en que la nanotecnología no desplaza a diversos actores económicos (como lo hizo la tecnología industrial en el siglo XIX, suprimiendo los pequeños talleres y centralizando la producción en fábricas), permite el desarrollo de una economía dinámica y creativa, capaz de encontrar amplia gama de aplicaciones para esta nueva tecnología. Así, una región puede llegar a ser conocida internacionalmente no sólo por su capacidad tecnológica, sino también por su oferta – los productos culturalmente específicos que desarrolla a partir de esta tecnología. En el siglo XXI es probable que la producción en masa no sea el principal índice que se utilice para medir el éxito económico y, en cualquier caso, regiones como las del área de cooperación POCTEP no son capaces de competir en términos de volumen productivo en sus exportaciones. Su énfasis, por lo tanto, debe ponerse en la calidad y especialización: en el desarrollo de una marca, en el poder blando.

El gobierno Español ha reconocido la importancia de este tipo de iniciativa, publicando un informe sobre el tema en 2016. En este documento se recomienda mejorar la imagen internacional del país en lo que respecta su competencia tecnológica y, en términos prácticos, incrementar sus exportaciones de alto valor añadido, participando en iniciativas globales ya existentes (por ejemplo, relacionadas con la “Agenda de Desarrollo Sostenible 2030”) y creando puestos de asesoramiento científico desde el nivel de embajada y cámara de comercio hasta la oficina del Jefe de Gobierno.

Siguiendo pautas similares, la “Iniciativa de Pequeñas Economías Avanzadas” (que incluye, entre otros países, a Nueva Zelanda, Singapur y Suiza) constituye una plataforma para que sus miembros combinen recursos, se aprovechen de economías de escala, e inviertan en proyectos y tecnologías capaces de mejorar el rendimiento de aquellos sectores de los que sus economías dependen, al tiempo que permiten que los beneficios de tales avances sean compartidos por la comunidad internacional. Esto manifiesta el principio de “enlightened self interest”, según el cual la política exterior debe llevarse a cabo de manera que beneficie al país que la desempeña y a la comunidad internacional en tándem. También supone una forma de desarrollar poder blando. Las ocho regiones POCTEP pueden utilizar tales iniciativas como modelo. De hecho, nanoGateway se puede concebir como un proyecto similar a la Iniciativa de las Pequeñas Economías Avanzadas, pero a nivel regional y en estrecha coordinación con la política nacional y europea.

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